viernes, 16 de noviembre de 2012

El cumpleaños

El sol elevándose lentamente, se asoma en el horizonte. De un color naranja intenso, lo ilumina todo tiñéndolo de mil colores. Su húmeda cama le esperaría al final del nuevo día.
            El mar, de un color dorado, parecía un espejo de fuego que se rompía en miles de llamaradas, en su brusco batir contra las rocas.
            El pequeño puerto, tumbado bajo el mirador, aún no despierta, las barcas varadas en la arena parecen pequeños gigantes, esperando desperezarse para iniciar su diario trabajo.
El pueblo, descansa recostado contra la ladera de la colina. Sus casas, a medias encaladas, con sus desiguales tejados, producen una sensación de dulce anarquía. La anarquía estructural de estas latitudes del oeste latinoamericano. Las casas del pueblo abrazan a sus moradores, y les protegen de la fresca brisa de la mañana otoñal.
            Una larga, empinada y medio destartalada calle, ayuda a superar el desnivel existente entre la línea del mar y la parte alta del pueblo, lleva hasta la casa donde Eva, pasa los días mirando a través de los cristales de los miradores. Mira la línea perdida del horizonte, quizás buscando una parte de su pasado.
            Cómo a mitad de la calle, se encuentra una plaza, varias calles la bifurcan, distribuyen el tránsito a los cuatro puntos cardinales. A la derecha de la plaza, con el mar a nuestra espalda, hay una antigua casa palaciega, La fachada es de piedra. Cuatro balcones al frente, con barandillas de hierro forjado, herrumbrosas por el paso del tiempo. Un escudo nobiliario en el centro recuerda el paso de los españoles, los mal llamados conquistadores. Las heráldicas figuras están aun visibles, el nombre de los dueños se perdió en la memoria de las gentes del pueblo.  Hoy es la casa consistorial.
            Enfrente la iglesia, tiene un frontal imitando un sencillo seudogótico, modesto, pero de atractiva talla, un cordón cardenalicio circundado por hojas adorna la puerta que da entrada a la iglesia. Encima de la puerta la hornacina, con una talla en piedra de la Virgen de la Sabiduría. El resto de la construcción es de tipo mudéjar, de un ladrillo de antiguo color rojizo, hoy marrón pardo, por la suciedad y el tiempo, coronado todo por el campanario. Dos robustas campanas lo decoran. Son la voz del pueblo.
                        En la parte central de la plaza, unos frondosos sauces llorones refrescan las cálidas tardes en el estío. Las ramas, parece que pescaran las doradas perlas que saltan de surco en surco, en el pequeño estanque que se encuentra en medio de ellos.
            Al final de la calle, una escalinata, al final de la misma la casa de grandes miradores y blancas paredes con múltiples ventanas, todas de blanco, donde Eva se duele de sus recuerdos.
            Eva sigue ensimismada por el espectáculo del amanecer. No es el mismo mar, pero tiene el mismo color, el mismo olor, que el mar que dejo atrás, y hoy está asido a la nostalgia.
            La estancia es sencilla, de paredes blancas, sin adornos, el gran mirador y sus vistas al mar aportan una gran luminosidad a la habitación, donde ella, pasa horas y horas evocando su pasado.
            La cama aun sin deshacer, cubierta con una colcha rosa pálido, denota no haber sido utilizada la noche anterior, encima de la cabecera un simple crucifijo de madera.  Un armario metálico de un color gris pálido, se reclina contra la pared en un rincón. Al lado una mesilla del mismo color, sobre ella un despertador y la fotografía de una mujer de pelo casi negro y grandes ojos, de mirada sencillamente atractiva, está reclinada sobre una niña de unos quince años, la acompaña todos los días desde su llegada a estas tierras, tiene una sencilla dedicatoria: Tu madre no te olvidará nunca.
            En otra esquina de la habitación una puerta da al baño, un sencillo espejo es toda la decoración, al lado, la puerta de entrada a la habitación.     
            De cara redonda y expresión bondadosa, ojos verdes, de un verde turquesa que le confieren una belleza especial.  Pelo negro, que destaca especialmente sobre su blanca piel.  Entrada en carnes, sin llegar a poder considerarla obesa, mira la cama sin deshacer, una mueca de desaliento se dibuja en el rostro de Eva: “Otra noche que no he dormido “.
            Las alusiones a su anterior vida, se presentan de desordenado tropel, en una baraúnda de amargas y a la vez dulces sensaciones.
            Los días del instituto en Castellón, los veranos en Benicasim, la Universidad en Valencia, donde curso sus estudios de enfermería.
            El día que le vio. El vello se le eriza de nuevo como el primer día. El calor de las noches de canícula en la playa, los sueños e ilusiones contando las Perseidas, en las largas noches de agosto. El fuego de su piel, los muslos la abrasaban, sus senos tersos, cálidos, parecían querer salirse fuera de su cuerpo, sus más intimas sensaciones la pedían a gritos que él la poseyera. Su voz salía de su garganta casi inaudible…David…y la noche los fundía en uno solo, como un nuevo y repetido milagro del amor.
            Aun lo ama, y envuelto en sus recuerdos, en silencio, como una plegaria, sus labios van recitando el primer verso que él la escribió:
Has entrado muy hondo,
 Rebosando mi cuerpo,

Más fácil sería desprenderme de mi sombra,
que del sabor profundo de tus labios,
o de las estrellas que inundan tu mirada.

Mientras me hago sustancia en tus adentros,
te vas haciendo sustancia de mí mismo.

Antes que a ti, olvidaré mi nombre,
y en este dulce hambre de ternura,
hasta la delgada tela de tu blusa
se hace una distancia insoportable.

Siento, que amándote, me amo.
Y que estos versos,
eres tú, quien los escribe con mi mano.

            Mientras mira a través de los cristales, dos lágrimas acarician su suave y fresca piel, camino de bañar el suelo que ahora la acoge. Nunca pudo saber exactamente lo que sucedió, como fue aquella transformación de David…solo recuerda, no puede o no quiere recordar más, el día de llegando del hospital a casa, lo encontró descentrado, medio enloquecido, excitado, nervioso y con una personalidad violenta irreconocible. Fue la primera vez, que él, la levanto la mano. Después…no quiere, se niega a recordar.
            Tomo la decisión, y se vio obligada a volar lejos, y ahora está aquí, en esta clínica a la que ama, le abrieron las puertas, la acogieron, el trabajo la compensa y le gratifica, su Castellón, se encuentra a miles de km, pero hoy es un día más triste aun si cabe, su madre estará celebrando los 45 años... de su nacimiento, es su cumpleaños.